DIBUJOS DE NAZCA

El Estado peruano ha recortado el área protegida de las Líneas de Nasca. Y uno se pregunta: habiendo tantas tareas pendientes en cultura ¿Qué intereses han movido esta medida? Aunque el ministro del sector insiste en que “no se ha afectado el patrimonio”, lo cierto es que no ha sido una decisión consensuada, transparente.

¿Por qué no hay mayor indignación? Quizás porque, en el fondo, no hay sentimiento o sensación de pérdida, no hay feeling con esta herencia que, mediante la gráfica, conecta puentes con una serie de saberes de distintas disciplinas.
Dibujos de Nazca. Fotografía de Alexander Schimmeck

Esto me lleva a una pregunta aún más fundamental sobre nuestra relación como sociedad con el arte, y en este caso, con el dibujo.
¿Por qué no nos importa realmente el dibujo?
¿Cuántas veces han escuchado o dicho la frase "no sé dibujar"?
Esta respuesta, casi automática, revela una desconexión profunda. Nos han educado para creer que el dibujo es una habilidad rara, ajena, casi mística, reservada para unos pocos "talentos". Pero el dibujo es, en su esencia, una forma de pensamiento, de conexión con nuestro entorno, de expresión inherente a nuestra humanidad, no les pertenece únicamente a los artistas, es una habilidad más natural que escribir, pues todxs nacemos con esa habilidad, pero la sociedad la va aniquilando con prejuicios (saludos a Rousseau).
Otro lado del problema es que nuestra mirada con nuestro propio pasado es conflictiva. Pensamos que las creaciones de gran valor han sido realizadas por otros. Por eso cabe otra pregunta: ¿Realmente consideramos a estos trazos gigantescos como expresiones culturales destacadas? ¿En realidad las admiramos? Siempre me resultó extraño que se llamen “líneas” y no “dibujos” de Nazca. Me suena bajamoral y desdeñante el nombre de “líneas” a creaciones tan extraordinarias.
Y no me refiero al valor que le puedan otorgar los arqueólogos o los historiadores, sino al resto de personas.
Esta supuesta valoración de nuestro patrimonio cultural ¿procede de un genuino aprecio sensible o informado o es más producto de una posición sumisa y mansa a los dictados de la Unesco o de la marca Perú en la lógica también pasiva y reverente ante el beneficio turístico?
Por ello insisto en mi cuestionamiento de cómo desde ciertas escuelas y universidades de arte, se instaura una idea del dibujo y el arte como un régimen de sumisión, de disciplina. Sino se parece al canon clásico, se le desacredita y denigra, estereotipando su dimensión, alejándolo de su riqueza y posibilidad como forma de pensamiento, como herramienta para expresar ideas o sensaciones o cosas que no se pueden decir con palabras. ¿Cómo un egresado o egresada de estos sistemas disciplinarios de la Ensabap y otras escuelas de arte, puede valorar o enseñar a valorar las líneas de Nazca, los dibujos Chavín o las Tablas de Sarhua, si ha sido formado para valorar solo un tipo de dibujo? ¿Valorarán los dibujos hechos por infantes o los someterán a hacer copias al estilo clásico a pesar de su edad o contextos culturales?
Mientras el sistema educativo en sus diferentes niveles siga expulsando al dibujo como una herramienta para pensar y expresar ideas (o para sentir), si prevalece la idea de que el dibujo que no es clásico no sirve "para nada", vamos a seguir cediendo nuestros propios trazos. No solo el terreno: peor aún también la mirada.

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